lunes, 1 de febrero de 2016

Otra foto en el Egeo


Muchas palabras en aquel correo electrónico que leí de corrido. Una foto al final, de mucho peso. Tanta que a mi móvil le costó abrirla, quizá como advertencia sutil de lo que nos pasa: indiferencia a grandes sorbos, desconexión de los dramas de nuestro tiempo...

En la foto un mar, dos policías turcos y un niño muerto.

Mi contemplación silenciosa permitió aparecer a distintos sentimientos, a los que no voy a referirme por miedo a nuestra sociedad mediática, tan emotivista como indolente, tan sensiblera como inhabilitada para la acción.

Los policías, uno de los cuales sostiene al niño poco antes de la sepultura, parecen habituados a la escena. No es el primer niño. Están tan acostumbrados que no necesitan tocar. Les bastan los agarres del chaleco -¿salvavidas?-, al tiempo que les sobran los guantes. Sí, los guantes que llevan en las manos. Guantes blancos. Guantes limpios. Guantes que expresan con fuerza la distancia entre Oriente y Occidente, entre ellos y nosotros, aunque los tengamos al lado, aunque sean niños, aunque estén muertos...

Y los calcetines del niño, tan alegres y llenos de colores, tan infantiles. El resto de vida de la imagen. Los calcetines que compró la madre en el mercado. Acaso los calcetines favoritos de ese niño sin nombre. Los calcetines que no pensaron acabar así, envolviendo los pequeños y fríos pies de un niño que nunca más vivirá y que, con su muerte, amenaza nuestra falsa paz, denuncia nuestra vida acomodada, grita que es necesaria una transformación y nos desafía como ciudadanos e instituciones a abandonar la autorreferencialidad y a plantearnos en qué medida nos importan los otros y, sobre todo, si estamos dispuestos a hacer algo, más allá de nuestras disculpas, de nuestros miedos y de nuestros sentimientos...

¿Cómo comenzar?

"Pararse todos los jodidos días delante de esta foto para santiguarse quizás sin fe ni dioses, con rabia pero con esperanza, con aquella terrible esperanza entre los dientes de John Berger", proponían las palabras del e-mail, al parecer de Rafa Cofiño.

Yo, con fe y con Dios, suscribo la propuesta como punto de partida...


jueves, 14 de enero de 2016

CERRAZÓN

 



La cerrazón nubla la capacidad crítica, enjuicia a base de prejuicios, evita toda forma de escucha y, por tanto, elimina la posibilidad de entendimiento y de diálogo. A menudo, se alimenta de la inseguridad y el miedo, y lleva a minusvalorar a quien no se comprende.

La cerrazón vive entre nosotros, ¡y en nosotros! Se expresa en tertulias y debates, en bares y en columnas de periódico, en FB, en Twitter, y en blogs de todo signo y color...

¿Sus beneficios? La protección que da un grupo y la seguridad que ofrece tener bien delimitados los enemigos...

¿Sus consecuencias? Entre malas y terribles...

viernes, 8 de enero de 2016

Pedagogía del cuerpo

 
 
Funcionaba no hace mucho la pedagogía de la respuesta, de la memoria, de la mente. Los zurdos eran enderezados y los artistas se consideraban sospechosos. Los pupitres estaban perfectamente alineados y orientados para favorecer la escucha.

Hoy parece que se nos va colando la pedagogía de la pregunta, la pedagogía del cuerpo, la pedagogía de la biografía. Los pupitres se agrupan de seis en seis y los zurdos y los diestros tienen que consensuar cómo reparten sus cuadernos en los huecos libres de las mesas.

No sé a qué época pertenezco, pero reconozco en mí una triple verdad. Tal vez demasiado empírica y subjetiva, pero verdad: aprendo mejor con preguntas que mueven mis respuestas, aprendo todo lo que puedo tocar, y morder, y besar...; aprendo, en fin, sólo aquello que tiene algo que ver con nuestras historias y biografías...

La verdad de la pregunta, la verdad del cuerpo, la verdad de la biografía...
 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Sospechar de los buenos



El pensamiento dialéctico en la interpretación de los atentados nos lleva a comparar números de muertos, a clasificarlos por banderas de origen. Convendría más sumarlos, imaginar sus cuerpos unos al lado de los otros, intuir que a menudo son causas globales las que generan muertes en distintos lugares del globo, y pedir a Dios y a la vida que nuestro corazón no deje de dolerse por cada una de esas sábanas blancas que recubren vidas truncadas.

Y sospechar, sospechar de quienes lo saben todo, sospechar de los que tienen poder para manipular, sospechar de los fuertes, sospechar de los buenos, sospechar de los que se enriquecen con cada guerra...

jueves, 5 de noviembre de 2015

Animales ficticios





Somos las personas seres en constante proyección, animales ficticios. Tenemos la habilidad extraña de vivir en lo que todavía no somos, aunque para ello debamos olvidar lo que sí fuimos: pasado, historia, carne, infancia.

Y es por ello que tememos la muerte, porque ella pone límite a la ficción, y porque no sabemos refugiar el corazón en el agradecimiento que brota –espontáneo- cuando descubrimos la realidad mayor, la ficción suprema: el día anterior al día en que, ¡por fin!, fuimos…

(Recordando a un amigo y su enfermedad...)

jueves, 29 de octubre de 2015

Carta Abierta a Dolores Díez (Sobre la comunión civil)

Dolores Díez Posse, de 55 años, ayer en su clínica veterinaria.



Querida Dolores, madre, tutora, veterinaria, malagueña, atea y laica:

Me presento: soy Martín, hijo, misionero, sevillano, creyente, católico. Quería felicitarle por el paso que su hija dará en el próximo mes de mayo, según he podido leer en el periódico ABC –edición digital– del día de hoy, 29 de octubre de 2015.

Me reconozco ignorante en muchos temas, y al mismo tiempo es escasa la información que he podido obtener del periódico digital. Ellas hablan de que su hija «quiere una fiesta» como la de otras niñas, con payasos y sin misa. Sin duda será una buena ocasión para que ella lo pase bien en compañía de sus amigos y familiares. Desde mi experiencia, ciertamente las misas resultan aburridas a los niños de 8 años, excepto en contadas ocasiones (cuando el cura se adapta a ellos, cuando los padres les dejan corretear por los pasillos, o cuando la promesa de una diversión posterior hace que la resistencia esperanzada valga la pena).

Deseo expresarle mi percepción, parcial pero sincera. Al mismo tiempo, deseo hacerle preguntas. Comprenderá que me interese saber, especialmente después de este revuelo que se ha formado. Al fin y al cabo, es usted pionera en nuestra sociedad, única. Y, sobre todo, me interesa avisarle de ciertos peligros que acechan a su hija. Disculpe que no me dirija a ella, pero le pido que le transmita lo que le digo sin la menor alteración. Ella es la importante aquí, y sin duda a partir de su paso a la adolescencia me dirigiré a ella directamente.

En primer lugar, me gustaría saber qué piensa sobre el nombre que parece que va a atribuirse al rito de paso de todos los niños que lo pidan: «comunión civil». ¿Está de acuerdo con tal nombre? A mí, sinceramente, me preocupa que la sombra de lo religioso sobrevuele la celebración de su hija, más aún cuando presupongo que su hija es atea y laica –en el más laicista de los sentidos–.

Si es su niña la que ha puesto tal nombre, le aconsejo por el bien presente y futuro de su hija que le invite a que se lo replantee. Es como si, por un despiste, se le ocurriera incorporar a su celebración ese libro que los creyentes llamamos «Sagrado», la Biblia, por la mera razón de que lo haya visto en alguna otra fiesta. Sin duda, no ayudaría a la decisión de su hija, decisión tan respetable como laica. Aunque tampoco le insista demasiado pues, al fin y al cabo, es su opción y hay que respetarla. Ya tiene 8 años.

Si, por el contrario, es el Ayuntamiento o alguna autoridad civil o mediática la que ha promovido tal nombre, por favor, ponga más empeño aún en hacer saber a su hija que su laicismo está en peligro. Empieza uno por condescender en lo relativo al nombre y acaba santiguándose al inicio del rito de paso (ya sabe usted, la Trinidad…).

Si, en último término, ha sido usted la que ha hablado de «comunión civil», le pido que sea sensata y recapacite. De no hacerlo, me plantearé la posibilidad de acudir a servicios sociales u a otras instituciones pertinentes, para que ellos se hagan cargo de la situación de su hija, y se pongan cuanto antes al servicio de sus intereses, valorando incluso la posibilidad de tomar medidas que salvaguarden la libertad y la laicidad de su hija.

Si ninguno de ellos ha puesto el nombre, entonces seré yo quien, gustosamente, me dirigiré a mis superiores religiosos –hasta Roma si es necesario– por el bien de la menor. Debe ser una celebración alegre y, sobre todo, laica.

En segundo lugar, como miembro de la Iglesia, le agradezco su honestidad, su deseo de «no hacer el paripé durante los años de la catequesis de que vamos a misa y demás». Sin duda, hace falta gente como usted, y sobre todo como su hija, que sin duda ha mostrado tener las cosas mucho más claras que todos nosotros. Ella, como usted dice, «lo que quería era sólo una fiesta», para qué perder el tiempo.

Lo anterior, si bien es loable, creo que nos acerca a un nuevo peligro sobre el cual quiero advertirle. En concreto, me preocupa que pueda su hija ser víctima de algunas manipulaciones –interesadas o inconscientes–.

Ella, sin duda, parte de su propia experiencia sensible para orientar su vida. Ha visto una fiesta, quiere una fiesta, y nosotros hemos de garantizarle que pueda tenerla. No obstante, ella no ha conocido culturas antiguas, tal vez ni siquiera haya leído sobre ellas, y viene ahora el alcalde de su pueblo, Antonio Moreno, y dice –siempre según el ABC-, que «en todas las culturas, y a lo largo de los tiempos, ha habido ritos que marcaban el hito del paso de las espatas (sic) de la vida».

Supongo que usted compartirá conmigo que la libertad de autodeterminación de su hija está por encima de su opinión y de la mía, de cualquier cosmovisión religiosa del mundo, de cualquier manifestación cultural a lo largo de la historia, etc. Por eso, tal vez sería bueno que alerte a su hija del peligro de incorporarse a una larga tradición de muchas y variopintas culturas que, sin duda, ella no ha conocido y no puede elegir, en virtud de su marco para la toma de decisiones, al que ya he aludido (experiencia sensible (ver), experiencia volitiva (querer), experiencia jurídica (exigir)).

Y no sólo debe alertarle por los motivos anteriores, sino especialmente porque, como usted sabrá, muchos de esos ritos culturales que se han dado a lo largo de la historia (todos hasta hace muy poco tiempo), estaban realizados sobre un trasfondo religioso. La divinidad (y las divinidades) estaba entrelazada con la vida de los niños y adolescentes. ¡¡El ateísmo no se había inventado todavía!! Ella quiere una fiesta, y una fiesta hemos de darle, al modo que ella lo desee.

En cuanto al dinero, me alegro de que usted pueda hacer frente a los costos de la celebración (82€). No obstante, me preocupan los niños –sé de buena tinta que los hay– que aún dependen económicamente de sus padres, cuando éstos últimos no pueden pagar las tasas. ¡Incluso ésta puede ser la causa de que la cola para solicitar este rito de paso estuviese ayer vacía! A mí, como a usted, también me extrañó.

Veo el peligro de que algunos padres, por no disponer del dinero, acaben siendo forzados a acudir a algunas Iglesias durante 2 años, a «hacer el paripé» para conseguir una fiesta gratis para sus hijos, que acabará siendo además una fiesta sin payasos (no los pagará nadie) y con misa (manía nuestra, pido perdón). En síntesis, ¿no cree usted que debe establecerse una normativa que prevea posibles ayudas a los niños ateos, dependientes económicamente de sus tutores, con ganas de payasos y recelosos ante lo religioso? Creo que no es un disparate. Tal vez en este punto Moreno sea mejor gobernante y esté ya trabajando en ello.

Habría mucho más que me gustaría decirle y preguntarle, no obstante, estamos en la era de los 140 caracteres. Además, prefiero esperar su respuesta para seguir en contacto e intercambiando opiniones y miedos.

En caso de que no me responda, deseo que le vaya bien a usted y, especialmente a su hija. Como sabe, y dejando de lado chistes e ironías, formo parte de una institución con muchos años, víctima y causante en ocasiones de manipulaciones, intereses perversos, politizaciones y otra clase de maldades. Es nuestra historia, y sin duda ha contribuido a generar malestar -incluso odio- y a construir barreras. Pero no piense que la sociedad civil, con todas sus instituciones, y a pesar de sus buenas intenciones y personas, está libre de manipularle a usted, a su hija, y a mí mismo.

Un saludo amistoso y laico.

Martín


http://www.abc.es/sociedad/abci-primera-peticion-comunion-civilmi-hija-quiere-fiesta-sin-misa-201510290141_noticia.html
http://www.abc.es/sociedad/abci-podemos-cobra-tasa-municipal-82-euros-para-comuniones-civiles-rincon-victoria-201510272204_noticia.html